Un país pierde un cuatro por ciento de su producto interno bruto debido a daños causados por la corrosión atmosférica, dato que motiva al personal del Centro de Anticorrosivos y Tensoactivos de la local Universidad de Matanzas a redoblar esfuerzos cotidianamente.
La información la ofrece Ornan Méndez González, uno de los expertos que labora en la institución, ubicada en los predios de la casa de altos estudios en la ciudad de Matanzas, a unos 100 kilómetros al este de La Habana
Apenas una treintena de personas labora en esa Unidad de Desarrollo e Innovación, cuyas modestas instalaciones contrastan con sus notables resultados, entre estos, un ahorro de más de dos millones de pesos (entre pesos cubanos y convertibles) al país durante el quinquenio último.
Fundado en el año 1994 el Centro sobresale en el panorama nacional por sus productos y servicios, a partir de tres líneas de investigación principales relacionadas con sistemas de protección anticorrosivos, tensoactivos y desarrollo de nuevos materiales, y la conservación del patrimonio cultural
Sus ceras, grasas de conservación, impermeabilizantes y otras sustancias para proteger superficies pintadas, las disoluciones de fosfatados, y modificadores del fraguado en hormigones y morteros, se emplean con éxito en entidades de la Unión Eléctrica, la industria militar, y hasta museos
Según explica Harold García Betancourt, actual director de la instalación universitaria, desarrollan una filosofía en materia de sistemas de protección anticorrosiva y conservación
Es el equivalente a diseñar un “traje a la medida” para aplicar los productos según los requerimientos precisos para cada equipo, con el propósito de incrementar su durabilidad, comenta el también máster en ciencias
Durante una visita efectuada este mismo año, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, planteó al equipo nuevos desafíos, como aportar soluciones para la Empresa Comercializadora de Combustibles de Matanzas, y diferentes entidades de la industria azucarera.
Poner a punto el generador de vapor al que todo el mundo llama simplemente “la caldera”, es un paso imprescindible para próximos empeños como iniciar en breve la comercialización de grasas de conservación en el central Jesús Rabí, ubicado en el municipio matancero de Calimete
La labor de su equipo también tiene una arista amigable con el medio ambiente, explica Harold, pues para la elaboración de algunos productos impermeabilizante aprovechan residuales de procesos como el aceite usado de la combustión de los motores y la viruta de goma, un campo con grandes perspectivas para el futur
Al elaborar las grasas de conservación logran sustituir la importación del sebo de res, mediante el empleo de aceite y cera cruda de caña o residual de cera de abejas, un evidente aporte a la salud de la economía de la Isla
Desde el Museo de la Revolución hasta la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras (la más eficiente de Cuba), el impacto del matancero Centro de Anticorrosivos y Tensoactivos se mide en la calidad de sus productos y servicios, siempre con la mira en nuevas metas.
Tomado de Agencia Cubana de Noticias


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