Forjando desde la raíz.

La Universidad de Moa  es, para los que estudian las entrañas de la tierra, un territorio sagrado. Sus aulas y laboratorios han formado durante décadas a los geólogos y mineros que leen el subsuelo como otros leen un mapa. Aquí se aprende que cada estrato cuenta una historia, cada mineral guarda un secreto y cada perforación es una pregunta lanzada a lo profundo.

En ese templo del saber geológico, una mujer ha llegado a ocupar el sitial más alto de la Facultad de Geología y Minas. Se llama Yanet Borges Terrero, Máster en Geología Ambiental y, desde 2026, Decana. Pero lo singular de su caso no es solo el cargo: es que ella no se formó originalmente en estas ciencias de la tierra. Su mirada sobre las rocas y los yacimientos es la de alguien que aprendió a observar el mundo desde otra orilla.
 Y aunque muchos hombres ponen barreras en la formación profesional de las mujeres, la profesora Yanet encontró su mayor apoyo en los profesores.

«Yo venía de trabajar como veterinaria, y de repente me enfrentaba a la minería, a la geología, a un lenguaje completamente nuevo. Pero hubo profesores —hombres, además— que nunca me preguntaron de dónde venía, sino hasta dónde quería llegar. Ellos me tendieron la mano cuando otros me cerraban puertas por el simple hecho de ser mujer en una facultad tradicionalmente masculina».
Su crecimiento profesional fue complejo, como ella misma reconoce.

«Yo siempre digo que crecer en Geología y Minas siendo mujer es como escalar una montaña con una mochila llena de prejuicios. No basta con saber. Hay que demostrar dos veces, trabajar tres veces más. Pero cada tropiezo me enseñó que la inteligencia y la voluntad no tiene género».

En 2019, dio un salto clave: pasó a ser Vicedecana de Ciencia y Técnica. Y en el actual año, pasó a ser decana de la Facultad de Geología y Minas . En cada escalón, un sostén inquebrantable: la familia como puntal para su superación.
«Mi esposo y mis hijos entendieron antes que nadie que mi compromiso con la universidad no era una ausencia, sino una forma de construir futuro para muchos jóvenes. Ellos nunca me pidieron que eligiera entre ser madre y ser decana. Me enseñaron que podía ser ambas, aunque algunas  veces llegaba a casa con más preocupaciones que alegrías».

Para Yanet, la Universidad de Moa ha sido un escenario de oportunidades.
«Aquí no solo me formaron en geología ambiental. Aquí aprendí a liderar, a fallar sin rendirme, a levantar proyectos desde la nada. Esta universidad me devolvió más de lo que yo pudiera darle. Y por eso siento que ser decana no es un premio, es una responsabilidad de devolver todo lo que he recibido».

Habla con pasión de la docencia y cómo influye en el estudiantado. No es una profesora de escritorio. Ella elige el vínculo con los universitarios como su principal herramienta de trabajo
«Yo no puedo enseñar geología si no sé qué sueña ese muchacho o muchacha que está frente a mí. Ellos no necesitan solo mapas y fórmulas. Necesitan a alguien que les recuerde que el oficio más duro también puede ser hermoso. Y que una mujer al frente de una facultad minera ya es, por sí sola, una lección».

Define en una sola palabra lo que significa ser cuadro en esta institución académica. «En una sola palabra: servicio. No es un título, es una trinchera. Aquí ser cuadro significa madrugar más, escuchar más, ensuciarse las manos con los problemas de los demás y resolver con lo que se tiene, no con lo que se quisiera tener. Significa que los estudiantes y colegas sepan que mi oficina no es un despacho, es un puente».
Al final de la conversación, se le pide un consejo a las mujeres. Yanet sonríe. Su mirada se vuelve metal, pero también ternura.

‘No esperen a que nadie les regale un lugar en la mesa. Construyan su propia mesa. Y si alguien les dice que la geología o la minería no son para mujeres, demuéstrale con hechos que el subsuelo no pregunta género, y que la resiliencia no es aguantar en silencio, sino transformar cada barrera en un escalón. Estudien, ayúdense entre ustedes, y nunca olviden que venir de la veterinaria o de cualquier otro origen no es una desventaja: es tener otra mirada para curar también a la tierra».
Yanet Borges Terrero avanza orgullosa de lo que ha logrado. En cada paso deja la huella de una mujer que no solo escaló montañas: las está enseñando a forjar desde la raíz.

Yanet Borges Terrero es apenas una de las muchas mujeres que, desde la Universidad de Moa, están reescribiendo el papel de la geóloga y la minera en Cuba. Su misión como Decana no es un hecho aislado: es parte de un movimiento más amplio que el país impulsa desde el Programa para el Adelanto de la Mujer, un conjunto de políticas destinadas a eliminar techos de cristal, fomentar el liderazgo femenino y garantizar la igualdad real en sectores históricamente masculinizados.
La  Universidad de Moa  ha asumido este compromiso como propio. En sus aulas, cada vez más mujeres se gradúan como ingenieras geólogas y mineras. En sus laboratorios, investigadoras cubanas dirigen proyectos de impacto. En sus cátedras, profesoras como Yanet inspiran a nuevas generaciones. Y en sus cuadros directivos, la presencia femenina crece, no por cuota, sino por capacidad demostrada.

Ser mujer en Geología y Minas, antes una excepción, es hoy una posibilidad real en Cuba. Y la Universidad de Moa, desde el oriente de la isla, contribuye cada día a ese programa de Adelanto con un mensaje claro: la tierra no distingue entre manos de hombre y manos de mujer. Solo reconoce el valor de quien sabe leer sus secretos y proteger sus riquezas.

Yanet lo resume así, mientras se aleja por el pasillo de la facultad: «El empoderamiento femenino no es una frase bonita. Es que una mujer decana, formada como veterinaria, les demuestre a sus estudiantes que los límites no los pone el género, sino los sueños. Y aquí, en la UMoa, los sueños se barren con el mismo polvo de laterita para todos».